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Ne me quitte pas

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¿No quiere que le hable de las cartas que no envié a la mujer A-Z? La llamo mujer A-Z porque es la primera y la última. No es un número de serie ni un código de barras. Yo le escribí cartas. Cartas que nunca envié. Cartas que tiré a alcantarillas o al váter. Imagínese a un ermitaño o a un cavernícola, a un tío que vive en las alcantarillas y las descubre, las colecciona, las lee y empieza a soñar. Quizá incluso envídiase ese amor. Creo que debí escribir mil cartas. Recuerdo perfectamente el cuarto de un chalet que alquilé. Le cuento esto off record, claro. Le tendría que haber escrito una canción. ''Ne me quitte pas'' o algo así. ¿Dónde estás? ¿Qué llevas puesto? ¿Qué estás haciendo? Eran las preguntas que me hacía al despertar. Pensando en ella. Y me acostaba… con las mismas preguntas. Y en un momento dado, quise respuestas.

Sita - Kate Millett

 ''Cómo me conoce, cómo me domina, cómo se adueña de mí, cómo juega conmigo, cómo me da placer. Y yo siempre estoy para ella; lista, abierta, retorciéndome de deseo. A sabiendas de todo eso y en vista de su nueva indiferencia, la odio, odio su poder, su palanca de control, los abusos de dominación a los que me somete. Toda clase de amor se convierte en vulnerabilidad, las puertas de la crueldad, la escalera del desprecio. La pasión y la adoración son lo que ahora nos destruye, los útiles de nuestras maldad; yo, odiándome por quererla; ella, odiando a quien un día amó. El amor se da la espalda a sí mismo y se transforma en lo contrario a lo que era.''

Hojita de menta

Nosotras siempre hemos sido lo que nunca seremos. Hemos vaciado la copa y esputado los restos, hemos visto la mediocridad vestirse de hegemonía, hemos mirado con los ojos soberbios, perdonavidas, y le hemos perdonado, y es algo que jamás nos perdonarán. Hojita de menta, hojita de menta, nos columpiamos en la ignorancia, creímos en el conocimiento en perjuicio del statu quo , elegimos la epopeya como Aquiles, elegimos la manzana, y eso es algo que jamás nos perdonarán. Nosotras fuimos de costumbres prehistóricas, de leer junto al fuego, el arrabal y la vanguardia, los textos sagrados y las fisuras, eruditas hasta la arcada, sabiondas, repelentes hasta la médula. Fuimos un mucho de puta y un poco de monja, demasiado humanas para endiosarnos, demasiada idea para tan poca carne, fuimos tan del sur que le dimos la vuelta, fuimos tan incógnitas que ni nosotras mismas sabíamos muy bien. Y por si acaso el revólver. <<Lo importante no es ser muy li...
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Me daba miedo escuchar a la naturaleza.  Era ese silencio atroz, caía con la noche.  Al matar al mutismo me perdí, nunca estuve acostumbrada a él, y era ese pitido en los oídos constante, decía tu nombre. y por más que lo intenté no supe descifrarte la mirada. y dolía el pecho y dolía el alma y me daba más pavor aún, oír tu respiración al dormir. entumecida. añoraba encontrarte en mitad de la nada y  entender que la soledad era un privilegio. Myers, 25 de agosto de 2018
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but i can't wait until i see your face and my brain thinks that it's looking at a  stranger. i can't wait until i see your face and my brain feels nothing i'll feel nothing.

fail

Soñábamos más que vivíamos, nos separaban los suficientes kilómetros como para no echarnos de menos. Sabíamos que era cuestión de tiempo y que el murmullo del pecho dejaría de sonar tarde o temprano. Mientras nos escocían los rayos de sol que no podíamos compartir ni el viento que nos rozaba la espalda, no teníamos más remedio que taparnos los oídos y dejar de sentir la vibración que se nos escapaba desde la cabeza hasta la punta de los pies.   Myers Flat, CA. 30.07.18

sad eyes

Teníamos los ojos tristes y cansados de ir buscándonos por la calle. Nos temblaban las rodillas de seguir andando en direcciones opuestas y el peso del suelo nos vencía y nos mecía, cuando lo único que queríamos era abrir los ojos y ver amanecer desde la playa. Nos alegraba saber que nos esperaban muchos sitios por recorrer y que hubo un punto en el espacio en el que conseguimos coincidir, aunque fuera a ratos y arrastrándonos por el peso que llevábamos a la espalda. Aunque tuviéramos las manos frías de esperarnos, supimos encender la hoguera que se nos escapaba de la mirada y después, no tuvimos más remedio que tirar las cenizas al mar para que no se disiparan del todo. Algún día cuando me mire el pecho veré la marca que me dejaste y no podré hacer otra cosa que quererla. Le preguntaré cómo fue lo de curarse con la sal de lo que fue un día y seguramente me crezcan flores de todo el cuerpo. Que si tuvimos algún olor, seguramente fue el olor a hierba y tierra mojada.