Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2017

Bentham

Este panóptico de cristal no me deja mirarme desde dentro, los ojos de fuera son capaces de entender cómo mi cuerpo se desenvuelve por el espacio-tiempo pero nunca cómo mis vísceras son capaces de retorcerme por dentro.  Entro en casa para recordarme que sólo fue un mal día, que en Barcelona no todos los días está nublado y en la ciudad no siempre hace frío. A veces, sigo sintiendo cómo me abraza por la espalda, cómo me revuelvo para encajarme a su justa medida y que  nunca tenga nada que reprocharme. 

Tetuán.

El otro día al salir de mi habitación vi la pizarrita en la que Claudia escribía para comunicarse después de su operación de cuerdas vocales, me sorprendió muchísimo leer: "Me he dado cuenta de lo poco que decimos cuando hablamos". Fui a la cocina para recomponerme un poco y hacerme un té (en silencio, claro está) mientras esperaba a que el viejo microondas del piso calentara el agua. Lo que acababa de leer no me dejaba pensar. Mi cabeza solo era capaz de preguntarse: ¿Dónde se esconden las palabras que no decimos?. Después de posar la bolsita de té en la taza solo podía sentir decepción de saber que hemos llegado al vértice de decir más de lo que pensamos cuando callamos que al hablar. Yo no sé a vosotros pero a mí eso me parte por dentro. Nos caemos.

Ciudades

Veo el ansia al beber un té, un coche a más velocidad de lo permitido. Veo a una anciana corriendo más rápido que sus propios pasos, una mandíbula apretada y unos ojos cansados de estar. Veo a una niña saltando y la mano de su madre tres metros por detrás -apología de su propia vida-. Veo una mirada que no encuentro y unos ojos que no miran. Veo una silla de ruedas andando a su libre albedrío. Veo a muchas personas ser pero a pocas estar. No veo el paso pautado ni la mirada lasciva. No veo unos pies que sientan lo que les dice el suelo, rico suelo por el que hasta tú también has pisado e igual de ignorante y pasajero no te has dado cuenta de estar. No veo libros que digan más de lo que pesan sus páginas. No veo y por no querer ver se me ha olvidado observar, hasta justo ahora, que la rápida vida que me toca vivir no la quiero ni mirar. Golpe maestro.