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Mostrando entradas de julio, 2018

sad eyes

Teníamos los ojos tristes y cansados de ir buscándonos por la calle. Nos temblaban las rodillas de seguir andando en direcciones opuestas y el peso del suelo nos vencía y nos mecía, cuando lo único que queríamos era abrir los ojos y ver amanecer desde la playa. Nos alegraba saber que nos esperaban muchos sitios por recorrer y que hubo un punto en el espacio en el que conseguimos coincidir, aunque fuera a ratos y arrastrándonos por el peso que llevábamos a la espalda. Aunque tuviéramos las manos frías de esperarnos, supimos encender la hoguera que se nos escapaba de la mirada y después, no tuvimos más remedio que tirar las cenizas al mar para que no se disiparan del todo. Algún día cuando me mire el pecho veré la marca que me dejaste y no podré hacer otra cosa que quererla. Le preguntaré cómo fue lo de curarse con la sal de lo que fue un día y seguramente me crezcan flores de todo el cuerpo. Que si tuvimos algún olor, seguramente fue el olor a hierba y tierra mojada.

Late night calls

Nos queríamos mucho pero mal, nos queríamos demasiado mal. Y ya sabes que no le estoy echando la culpa a nadie de querernos fatal. Asumí que cada fallo era la suma de las dos. Y fallamos. Nos dimos cuenta a base de agujeros en el pecho, de ojeras matutinas y de cambiar las sombras de la calle por la tristeza de la habitación. A base de besos vacíos en cada esquina, de abrazos que venían de los recovecos de nuestras clavículas y de pisarnos los pies cada vez que se calentaban. Nos faltó querernos bien, desechar las sombras del pasado e intentar volver a sanar las cicatrices que abríamos cada vez que nos alcanzaba el día, lamernos las heridas despacio y sobre todo con cuidado. Nos derribaron los días que no teníamos y las mañanas mal contadas en las que lo único que podíamos asumir era la desnudez.  Nos mataron los meses de intentar repararnos andando siempre en direcciones opuestas. Song for you