Me daba miedo escuchar a la naturaleza. 
Era ese silencio atroz,
caía con la noche. 
Al matar al mutismo
me perdí,
nunca estuve acostumbrada a él,
y era ese pitido en los oídos constante,
decía tu nombre.

y por más que lo intenté
no supe descifrarte la mirada.

y dolía el pecho
y dolía el alma

y me daba más pavor aún,
oír tu respiración al dormir.

entumecida.

añoraba encontrarte en mitad de la nada y 
entender que la soledad era un privilegio.


Myers, 25 de agosto de 2018




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