Sigo como un piano oxidado que suena igual que todos los besos que no se dan, que se quedan en el aire suspendidos esperando a ser encontrados por labios inertes, parados, congelados... Como un piano desafinado que no es capaz de entreverse entre las teclas de su cuerpo. Que por mucho que lo toques no sonará como la primera vez que lo hiciste sentir vivo, no dejará ese halo de luz, claridad y transparencia. Como quien sonríe después de toda una vida bajo las sombras de su pasado. Como quien suena después de toda una vida sin ser acariciado con la calidez de quien ha amado.
Perdimos soñando.
Me dijiste que para vencer al miedo, soñaremos. Y si, lo hicimos. Pero soñamos tanto que nos fundimos en cada uno de nuestro ser. Soñamos tanto que creímos que nada rompería lo que después convertimos en distancia. Y que se rompió. Pasan los meses y te vuelvo a ver, con nuevos gestos pero siempre tus ojos verdes, inconfundibles, irresistibles. Algo ha cambiado y déjame que me de cuenta después de ocho meses sin ti. Te vi e inmediatamente me di cuenta de que tu cuerpo ya estaba hecho de otro material. Me dejó helada el saber que fue recorrido por otro tacto, otra boca y otros ojos. Aún así déjame darte las gracias por el tiempo invertido... Me encantó el fin del mundo a tu lado. Me encantó volver a escuchar el crujir de tus omóplatos. Después de todo el tiempo, no podía ser de otra forma ¿no?. Ahora, ya lo sé.

Comentarios
Publicar un comentario