Sigo como un piano oxidado que suena igual que todos los besos que no se dan, que se quedan en el aire suspendidos esperando a ser encontrados por labios inertes, parados, congelados... Como un piano desafinado que no es capaz de entreverse entre las teclas de su cuerpo. Que por mucho que lo toques no sonará como la primera vez que lo hiciste sentir vivo, no dejará ese halo de luz, claridad y transparencia. Como quien sonríe después de toda una vida bajo las sombras de su pasado. Como quien suena después de toda una vida sin ser acariciado con la calidez de quien ha amado.
Ne me quitte pas
¿No quiere que le hable de las cartas que no envié a la mujer A-Z? La llamo mujer A-Z porque es la primera y la última. No es un número de serie ni un código de barras. Yo le escribí cartas. Cartas que nunca envié. Cartas que tiré a alcantarillas o al váter. Imagínese a un ermitaño o a un cavernícola, a un tío que vive en las alcantarillas y las descubre, las colecciona, las lee y empieza a soñar. Quizá incluso envídiase ese amor. Creo que debí escribir mil cartas. Recuerdo perfectamente el cuarto de un chalet que alquilé. Le cuento esto off record, claro. Le tendría que haber escrito una canción. ''Ne me quitte pas'' o algo así. ¿Dónde estás? ¿Qué llevas puesto? ¿Qué estás haciendo? Eran las preguntas que me hacía al despertar. Pensando en ella. Y me acostaba… con las mismas preguntas. Y en un momento dado, quise respuestas.

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