Granada-Madrid



Entonces,
¿es verdad o es mentira este frío?
No, no siente frío, se siente fría.
¿Dónde está ese fuego que la envolvía?
¿Ese fuego que emulaba al sur?

Existe vacilante,
menguante,
perdiendo oxígeno de forma constante e insoslayable.

Su fuego se nutría de kilómetros
recorridos buscando besos
y ahora esos mismo kilómetros la separan de sí misma,
la llevan a una llovizna
que empobrece más su débil fuego.

No se anima a levantarse de la cama,
a levantarse en una ciudad que no reconoce,
que no es la suya,
con un cuerpo que no reconoce,
que no es el suyo,
con un frío que si conoce,
que es el suyo.

Sólo reconocer su frío la desespera,
la enfurece.
Ha vuelto del revés la cordura por encontrarse.
Se ha buscado en canciones,
en libros,
en labios...
Se ha buscado en el césped,
un césped tan verde
como la más salvaje de sus miradas...

Se ha buscado corriendo,
bebiendo,
riendo,
fingiendo.

Se ha encontrado,
de pronto,
escribiendo al desamor.

No se anima a levantarse.

La duermevela es casi mágica...

El despertador la sobresalta.
Abre los ojos para enseñarle algo bonito a un día gris,
a otro día gris,
los días grises lejos del sur.

Se despierta y,
se maldice por haberse dejado engañar,
otra vez,
por el mismo sueño
en el que un rayo de sol le hace sonreír.

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