Me dijiste que para vencer al miedo, soñaremos. Y si, lo hicimos. Pero soñamos tanto que nos fundimos en cada uno de nuestro ser. Soñamos tanto que creímos que nada rompería lo que después convertimos en distancia. Y que se rompió. Pasan los meses y te vuelvo a ver, con nuevos gestos pero siempre tus ojos verdes, inconfundibles, irresistibles. Algo ha cambiado y déjame que me de cuenta después de ocho meses sin ti. Te vi e inmediatamente me di cuenta de que tu cuerpo ya estaba hecho de otro material. Me dejó helada el saber que fue recorrido por otro tacto, otra boca y otros ojos. Aún así déjame darte las gracias por el tiempo invertido... Me encantó el fin del mundo a tu lado. Me encantó volver a escuchar el crujir de tus omóplatos. Después de todo el tiempo, no podía ser de otra forma ¿no?. Ahora, ya lo sé.
Vuelve a escribir, Ana.
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