La excelencia.
Buscas cruzar la esquina y que, de pronto, aparezca. Aparezca ese tipo de persona que te corte el tiempo. Que te llene los días de pequeños amaneceres, de instantes llenos de recuerdos o de noches en vela.
Supongo que el buscar sin parar puede hacer que no encuentres, o que no te encuentren. Déjalo estar. ¿Sabes que? Una vez, hubo un momento en mi vida en el que encontré a alguien. Alguien que me daba todo lo que necesitaba, que me completaba de verdad. Pero por unas causas o por otras, lo perdí. Y ahora la verdad que no me queda nada, sólo pequeños recuerdos, difusos, pero recuerdos que, a veces hacen que sea la persona más feliz del mundo pero otros, otros la peor persona...
Encuentras a alguien y parece que la vida se para, que todo gira sobre vosotros, que sois el eje de la tierra y que ésta gira a vuestra par. Todo el tiempo que pasáis parece un mundo, pero cuando acaba, te das cuenta que no, que todo se reduce a instantes. Que todo tiempo es poco. Todo se reducía a amar. Amar sin cordura, sin anestesia, sin reglas, sin frenos, amar sin más.
El caso no es éste. El caso es, que nunca hay dos personas iguales, que no puedes intentar buscar en una persona lo que la otra tenía. No puedes porque simplemente no la hay. Así que, ábrete a cualquier persona, enseña de lo que eres capaz y que ellos te enseñen. Queda un mundo por descubrir. Quedan vidas por descubrir. No busques
Completa(me).
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