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Mitad.

Escribir me cuesta tanto como mirar más lejos de ti. Cada día vuelve a amanecer con la esperanza de poder sentir  que no está todo perdido que sigo aquí por algo pero entonces, cada día vuelve a caer el sol para decirme que quedarme sin mí es primero, desterrarme a mi olvido y después, no encontrarte. Siento que después de mí solo me queda un caparazón hecho con todos los trozos que me quitaron cuando me olvidé tanto de ti. Un par de veces al día te olvido y un par de veces más te vuelvo a buscar, encontrándote. Tráeme todo lo que arrastraste contigo que el tiempo sigue yendo detrás de ti y yo sigo esperándolo aquí te llevaste la mitad que más me falta. No puedo intentar ser la mitad  de algo -alguien- cuando no la tengo no puedo quedarme sin nada es imposible ser nada. No vuelvas para quedarte, vuelve para devolverme  lo que me pertenece y, por favor,  quítale tu olor, tu nombre, ...

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Me he roto el corazón tantas veces que es imposible encontrar cada pedacito que lleva tu nombre. Cuando intento reconstruirlo siempre hay algo que falla que no encaja. Intento encontrar la manera de que vuelva a latir sin la necesidad de tu aliento calentándolo a esa puta temperatura óptima que hace que lata, que viva, que sienta. Y mientras... aquí está, tan roto que ya no sabe cual es su sitio, ya nada lo sostiene. Solo espera -como espero yo-  que eso de que cuando te rompen el corazón sea imposible que vuelva a su estado natural sea un bulo.  Aunque por ahora, por ahora el bulo no existe.

rareza.

Dicen que mi rareza ahuyenta  no me importa mientras tú me la dividas en besos porque sé que es lo que espero… tanto que desespero. Y tú, que tienes ese poder para quitármela a bocados cada vez que te apetezca y sin avisar. Tú que tienes todo el poder para ganarme todos los latidos -los míos que te llevan esperando una eternidad y media-. y tú que aún ni lo sabes. Y yo que no sé cómo pero lo sé desde que te descubrí buscando rarezas.

Tres latidos

Tres latidos sin sentir. Qué extraño. Mi corazón aquí  y mi cabeza volando, intentado rasgar del cielo  lo que no nos respiramos. El mundo es demasiado grande para encontrarte en mi mirada. Es demasiado ancho para que mis brazos te rodeen. Siempre es demasiado. Y tú, que no paras de esconderte. ¿Cómo quieres que te robe la sonrisa si la escondes cada vez que te sueño?

Suelo.

El suelo por encima de mí, todo me queda grande y los días no acaban, no hacen más que convertirse en noches. Días-noches con nombre propio, Insomnio. O Tú. Que no se quien eres realmente pero te pienso cada vez que tienes la oportunidad de colarte por mis pestañas. No consigo verte y eso que tu ausencia aprieta más que el mundo que llevo a la espalda. Más que todos los días que no estás a mi lado para hacerme sentir todo lo que estoy perdiendo o todo lo que perdemos. Creo que te he buscado tanto que al final vives en mí, no puedo verte pero te rozo con la yema de los dedos cada vez que mi corazón late. Pero ya ves solo consigo eso, rozarte.
Imagen
Sigo como un piano oxidado que suena igual que todos los besos que no se dan, que se quedan en el aire suspendidos esperando a ser encontrados por labios inertes, parados, congelados... Como un piano desafinado que no es capaz de entreverse entre las teclas de su cuerpo. Que por mucho que lo toques no sonará como la primera vez que lo hiciste sentir vivo, no dejará ese halo de luz, claridad y transparencia. Como quien sonríe después de toda una vida bajo las sombras de su pasado. Como quien suena después de toda una vida sin ser acariciado con la calidez de quien ha amado.

Be

Ya no eres tú. Ni soy yo. Ya no somos. Así que no tendría sentido seguir lamentando que no te respire la piel como lo hacia. Ya no estás. Y yo sigo estando. Nunca me fui del trocito de baldosa que nos vio soñarnos. Nunca me fui, pero ha llegado el momento de que dejes de latirme, de hecho ya no me lates. Así que, ¿Por qué seguir pisando el mismo suelo que nos vio volar y me pegó la hostia más grande que me ha dado la vida?. Por eso y para que mis días dejen de estar vacíos. .