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Bentham

Este panóptico de cristal no me deja mirarme desde dentro, los ojos de fuera son capaces de entender cómo mi cuerpo se desenvuelve por el espacio-tiempo pero nunca cómo mis vísceras son capaces de retorcerme por dentro.  Entro en casa para recordarme que sólo fue un mal día, que en Barcelona no todos los días está nublado y en la ciudad no siempre hace frío. A veces, sigo sintiendo cómo me abraza por la espalda, cómo me revuelvo para encajarme a su justa medida y que  nunca tenga nada que reprocharme. 

Tetuán.

El otro día al salir de mi habitación vi la pizarrita en la que Claudia escribía para comunicarse después de su operación de cuerdas vocales, me sorprendió muchísimo leer: "Me he dado cuenta de lo poco que decimos cuando hablamos". Fui a la cocina para recomponerme un poco y hacerme un té (en silencio, claro está) mientras esperaba a que el viejo microondas del piso calentara el agua. Lo que acababa de leer no me dejaba pensar. Mi cabeza solo era capaz de preguntarse: ¿Dónde se esconden las palabras que no decimos?. Después de posar la bolsita de té en la taza solo podía sentir decepción de saber que hemos llegado al vértice de decir más de lo que pensamos cuando callamos que al hablar. Yo no sé a vosotros pero a mí eso me parte por dentro. Nos caemos.

Ciudades

Veo el ansia al beber un té, un coche a más velocidad de lo permitido. Veo a una anciana corriendo más rápido que sus propios pasos, una mandíbula apretada y unos ojos cansados de estar. Veo a una niña saltando y la mano de su madre tres metros por detrás -apología de su propia vida-. Veo una mirada que no encuentro y unos ojos que no miran. Veo una silla de ruedas andando a su libre albedrío. Veo a muchas personas ser pero a pocas estar. No veo el paso pautado ni la mirada lasciva. No veo unos pies que sientan lo que les dice el suelo, rico suelo por el que hasta tú también has pisado e igual de ignorante y pasajero no te has dado cuenta de estar. No veo libros que digan más de lo que pesan sus páginas. No veo y por no querer ver se me ha olvidado observar, hasta justo ahora, que la rápida vida que me toca vivir no la quiero ni mirar. Golpe maestro.

Hablando de mí.

No voy a hablar más de ti porque ya estoy lo suficientemente abierta en canal como para seguir hurgando en el único sitio en el que estás. No puedo respirar sin que tu nombre salga de mi boca, me duele cada palabra que tiene tu olor y yo catadora a ciegas de ti. Todos los Diciembres te rozo para dejarte escapar, otra vez. La Navidad escuece más cuando no estás, las fotos siguen aquí, entro al cuarto y me sigues abrazando cortándome la respiración. Fuiste la primera persona y fuiste la última porque antes de conocerte no me conocía y después de dejarte ir no sé donde estoy. Me encuentro en cada uno de tus hoyuelos igual que sé al milímetro cada uno de ellos, Sé más cosas sobre ti, que sobre mí: sé que te gusta que te hagan el desayuno, pero que te gusta más aún hacerlo. Sé que te gusta dormir en el lado de la cama que pega a la pared porque siempre fuiste más de sentirte segura que de dar seguridad. Sé que te encantan las siestas en co...

...

Es tan fría que hasta el hielo tirita mientras bebe ginebra, esa que amarga sus días y los llega a salvar de la misma manera que se matan los aliados en una guerra de dos.

Granada-Madrid

Entonces, ¿es verdad o es mentira este frío? No, no siente frío, se siente fría. ¿Dónde está ese fuego que la envolvía? ¿Ese fuego que emulaba al sur? Existe vacilante, menguante, perdiendo oxígeno de forma constante e insoslayable. Su fuego se nutría de kilómetros recorridos buscando besos y ahora esos mismo kilómetros la separan de sí misma, la llevan a una llovizna que empobrece más su débil fuego. No se anima a levantarse de la cama, a levantarse en una ciudad que no reconoce, que no es la suya, con un cuerpo que no reconoce, que no es el suyo, con un frío que si conoce, que es el suyo. Sólo reconocer su frío la desespera, la enfurece. Ha vuelto del revés la cordura por encontrarse. Se ha buscado en canciones, en libros, en labios... Se ha buscado en el césped, un césped tan verde como la más salvaje de sus miradas... Se ha buscado corriendo, bebiendo, riendo, fingiendo. Se ha encontrado, de pronto, escribiendo al desamor. No se anima a ...

Mientras.

Ven, que te voy a contar lo que es romperse por dentro mientras los días dejan de vivirte y yo sigo andando hacia ninguna parte. Mientras los me voy le ganan la guerra a los me quedo . Mientras tú sonríes y yo me miro al espejo y no consigo nada más que ver el despojo de lo que fuimos. Vienes de golpe un día  para quedarte en mí, y te instalas en mis sábanas que ya no me reconocen y no paran de preguntarme por ti. Mientras, tú sigues con las mismas manos que me rozaron la vida y yo que las dejaba moverse a su antojo porque llovía y hacía frío, y no quería otro calor que no fuera el de tu cuerpo. Entonces, decidí acostumbrarme a ti y a la forma de tus comisuras besándome los días levantándome la vida y rompiéndome de un pestañeo todos los esquemas. Te metiste en mí, en todo lo que era, y no me dejabas salir, aunque me gustaba eso de esclavizarme a ti  y a tus suspiros. y un día, me dijiste que n...