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rareza.

Dicen que mi rareza ahuyenta  no me importa mientras tú me la dividas en besos porque sé que es lo que espero… tanto que desespero. Y tú, que tienes ese poder para quitármela a bocados cada vez que te apetezca y sin avisar. Tú que tienes todo el poder para ganarme todos los latidos -los míos que te llevan esperando una eternidad y media-. y tú que aún ni lo sabes. Y yo que no sé cómo pero lo sé desde que te descubrí buscando rarezas.

Tres latidos

Tres latidos sin sentir. Qué extraño. Mi corazón aquí  y mi cabeza volando, intentado rasgar del cielo  lo que no nos respiramos. El mundo es demasiado grande para encontrarte en mi mirada. Es demasiado ancho para que mis brazos te rodeen. Siempre es demasiado. Y tú, que no paras de esconderte. ¿Cómo quieres que te robe la sonrisa si la escondes cada vez que te sueño?

Suelo.

El suelo por encima de mí, todo me queda grande y los días no acaban, no hacen más que convertirse en noches. Días-noches con nombre propio, Insomnio. O Tú. Que no se quien eres realmente pero te pienso cada vez que tienes la oportunidad de colarte por mis pestañas. No consigo verte y eso que tu ausencia aprieta más que el mundo que llevo a la espalda. Más que todos los días que no estás a mi lado para hacerme sentir todo lo que estoy perdiendo o todo lo que perdemos. Creo que te he buscado tanto que al final vives en mí, no puedo verte pero te rozo con la yema de los dedos cada vez que mi corazón late. Pero ya ves solo consigo eso, rozarte.
Imagen
Sigo como un piano oxidado que suena igual que todos los besos que no se dan, que se quedan en el aire suspendidos esperando a ser encontrados por labios inertes, parados, congelados... Como un piano desafinado que no es capaz de entreverse entre las teclas de su cuerpo. Que por mucho que lo toques no sonará como la primera vez que lo hiciste sentir vivo, no dejará ese halo de luz, claridad y transparencia. Como quien sonríe después de toda una vida bajo las sombras de su pasado. Como quien suena después de toda una vida sin ser acariciado con la calidez de quien ha amado.

Be

Ya no eres tú. Ni soy yo. Ya no somos. Así que no tendría sentido seguir lamentando que no te respire la piel como lo hacia. Ya no estás. Y yo sigo estando. Nunca me fui del trocito de baldosa que nos vio soñarnos. Nunca me fui, pero ha llegado el momento de que dejes de latirme, de hecho ya no me lates. Así que, ¿Por qué seguir pisando el mismo suelo que nos vio volar y me pegó la hostia más grande que me ha dado la vida?. Por eso y para que mis días dejen de estar vacíos. .

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PUNTO DE INFLEXIÓN. ·

Braille

Tener miedo a hacerte daño es proporcional a hacerme daño a cada palabra que te lanzo. Nuestras vidas están separadas -además de por millones de milímetros- por todas las caricias que te di sin miedo a perderte. La drogo-dependencia que me provocó tu piel me hirió más que todos los besos que no me diste -y mira que fueron-. Toco tu piel y ya no sé leerla en baille sin que me guies.  ¿Por qué? Siempre supe qué describían mis manos en tu dermis y nunca he logrado descifrarla en tu ausencia. Estar en el punto justo entre tú y todo lo demás.